Oración del mundo, un poema de Lucía Leyva

Por Lucía Leyva

El chofer del autobús pone

en altavoz El Rosario.

La voz masculina, monótona, dice:

Reina de los patriarcas

Reclamo:

¿y las matriarcas qué?

Las miradas de reprobación zumban cual zancudos bravos como los de mi amarillo amargo mar de Mazatlán.1

Me miran como si yo fuera una loca: 

¿Cómo oso decir eso y no santiguarme cuando inicia el tercer misterio?

Ojalá encuentren consuelo.

Yo prefiero mirar los bosques de cipreses.

Me duele ver algunos mochos, sin su puntiagudo cono.

Qué cruel raza:  

cortamos orejas y colas de perros que a nadie tienen para defenderlos.

Ni nosotros mismos escapamos de necias nociones de belleza: alargamos cuellos, perforamos, mutilamos a recién nacidos.

No quiero pensar más.

Siento lo sagrado en los bosques. 

Algunos árboles están unidos y a lo lejos figuran ser unas manos en plegaria. 

Mira, cómo emergen de la tierra oraciones cuyas consonantes replican el run run de acuáticas venas. 

Tan ocultas como la bondad que fluye al nacer. 

Escucha cuando los campos exhalan vocales de trigo, patatas y remolacha.

Fíjate cómo musitan oraciones doradas, cafés y encarnadas.

Es su aliento, que todo mundo respira y no se da cuenta. 

O quizá las ve como ráfaga de tinta derramada,

como un borrón.

¿No es extraño que, cuando la comen,

no perciban su rumor?

Yo

Yo prefiero entregarme a esas oraciones líquidas, nubosas, que parecen algodón de azúcar escritas por la Creación y que

sentimos en la cara cuando el viento mueve las hojas, o cuando el amanecer, compasivo, alivia el dolor de las heladas, el incendio del mundo.

Prefiero esas oraciones y no las que se repiten como tablas de multiplicar,  santiguadas por 

alguna dudosa autoridad, 

sin partículas de piedad en sus ojos, en su voz.

En su secreto.

Soy la loca, dicen.

Quien mira una plegaria en dos cipreses juntos,

y quien la confunde, a lo lejos, con cúpulas góticas.

La que observa  evaporadas sílabas cuando  exhala el lago. 

Sigo con la vista sus aladas palabras hasta formar nubes, frases del agua ofendida por los terrones, reclutados como carceleros por la leva humana.

Un hálito sagrado llama a unirse a estos verbos que saben del dolor y gracia; más allá del afán que presumimos como especie.

Alto, 

me bajo aquí

Grito.

El chofer del autobús pone,

otra vez, 

Su Rosario

y sigue su rumbo a la ciudad de los lobos.

  1. Fragmento del poema Día tres de Gilberto Owen ↩︎

Lucía Leyva. Es poeta, fotógrafa y conductora de radio en programas culturales. Autora de Morado Blues (Instituto Sinaloense de Cultura, 2015). Está incluida también en la antología Poemas como nubes (Nódulo ediciones, 2024), entre otras publicaciones colectivas.

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