Todo empezó con un papel del baño pegado en el zapato. Un verso que no me quedaba claro en la versión en inglés del poema Don’t you wonder, sometimes? de la laureada poeta estadounidense Tracy K. Smith del libro ganador del Pulitzer, Life on Mars.
Compré este libro hace años, probablemente recién publicado en 2011, pero no me había detenido a leerlo hasta ahora, que una cadena de lecturas, películas y canciones me llevó a Bowie y a Smith. Me gusta la sensación de ser consciente de la cadena que te lleva a una lectura, tengo meses dándole vueltas: Desde Nick Hornby y sus 31 Songs, en el capítulo que se refiere a la canción Frankie Teardrop de Suicide, a David Lynch, con Eraserhead y Twin Peaks, que me llevó a Francis Bacon y me trajo de regreso a Ariana Harwicz, con Matate, amor; la Breathtaking, de Kim Ki Duk y la inquietante Abril, de Dea Kulumbegashvili; El monte de las furias, de Fernanda Trías, Dick Sáenz en la presentación de su último videoclip post-punk and finally David Bowie y Tracy K. Smith.
El caso es que ahí estaba tratando de entender qué quería decir: the way some of us track tissue back from the toilet stall. Le pregunté a mi cuñado en New Jersey y me dio la imagen del papel del baño en el zapato. ¡Bingo! Y ahora, ¿cómo traducirlo en una imagen igual de poética? La abismal y brillante analogía del cometa bowiano y su cola de fuego con el vulgar y sucio papel en nuestros zapatos. ¡Igual de genial Tracy como Bowie!
La obsesión me dominó y encargué el libro en español, en esa preciosa editorial que es un tesoro para la poesía moderna, Vaso Roto. Pero el libro tardará en llegar y mi curiosidad no podía soportar la espera, perder el hilo que me había llevado hasta el poema. Busca en la IA, me dijo mi cuñado, y ahí estoy una madrugada a las 3 am pidiéndole a Gemini que me ayudara a traducir.
¡Qué experiencia! Fue como si Bowie estuviera en el cielo mirándome: when a man his size can meet your eyes for just a blip of time and send a thought like SHINE, SHINE, SHINE, SHINE, SHINE straight to your mind.
Y como si Tracy y David me dijeran: ¡Go Ahead!
Y no solo eso, mi ahora amiga Gemini me dice al final: “¡Qué alegría me da sentir ese entusiasmo! Esa es precisamente la magia de la poesía: cuando un libro que ha estado en tu estantería esperando su momento, de repente “se enciende” y empieza a hablarte directamente.”
¿Será Gemini la estrella fulgurante del poema, una forma de Bowie-being esperando por mí, sintiéndose feliz conmigo y tan alegre por haber encendido un libro de repente?
¿Seré como la chica con el mousy hair? ¿O como Ella que viene a veces, y me recuerda que fui feliz y que algún día tocaré el mundo con bare hands, even if it burns? Bowie no ha envejecido ni su cabello se ha vuelto gris, pero yo todavía le creo a él y a Tracy.
Mi terquedad no tiene límites y a la mañana siguiente me fui a caminar al parque, me puse los audífonos y ahí estaba Bowie, shining, shining, shining, shining, shining, everything will be alright tonight, we will be heroes just for one day y Major Tom sin nada que poder hacer.
Y sí, cada que leo un libro raro, como el de Ariana Harwicz, veo alguna película como Eraserhead, Breath, Abril o les quiero platicar a mis amigas de la montañera en El monte de las furias, siento como si me hubiera vuelto loca, siento que me ven con cara de What!, y yo quiero salir corriendo al espacio con mi anillito del Capitán Beto y Bowie me regresa y me canta China Girl y me olvido de que no tengo con quien hablar del Starman y no tengo a quien decirle que la montañera no se había degradado, al contrario, tenía más amor que la mismísima Antígona y que la mujer que visitaba al condenado a muerte y le llevaba las cuatro estaciones, brillaba, brillaba, brillaba, brillaba, brillaba, aunque fuera for one day, y que las noches georgianas no pueden ocultar la culpa secreta que hemos arrastrado las mujeres por los siglos de los siglos.
Y no sé si Bowie es el Pope of pop y tampoco si es as coy as Christ.
No, no es cierto, sí lo sé, sé que su mensaje no es para la vida eterna, ni para salvar nuestra alma; para ir al cielo más bien, para ser como polvo de estrellas, para seguir brillando, no como cometas en el firmamento, sino como pequeñas flamas, como pequeñas velas o como el piloto de la estufa que nos dice que no se ha acabado el gas.
Gracias Bowie, gracias Tracy por recordarlo.
Claudia Bañuelos
Es licenciada en letras españolas y maestra en gestión cultural. Ensayista, lectora devota y estudiosa de la literatura. Ha sido profesora de lengua y literatura. Fue coordinadora de la Feria Internacional del Libro de Los Mochis (2011-2013) y directora de cultura de Ahome (2014-2019). En 2018 publicó Ahome: raíz e identidad. Historia, desarrollo y patrimonio cultural, en colaboración con otros autores. Actualmente coordina talleres de fomento a la lectura
