Poemas de Lourdes Arenas Mazo

Puntual e inquisitiva como la ola que choca contra las rocas de un acantilado. Así es la poesía de Lourdes Arenas, quien en cada uno de sus versos no deja de preguntar —preguntarse, preguntarnos— en torno al absurdo que parece mostrarse como la esencia de la existencia misma. Esto hace que toda afirmación se vuelva también una pregunta que, al no tener respuesta, trastoca la realidad imperante y el vacío que la sustenta. Cierto es que esto puede parecer un sinsentido, pero es posible que no lo sea; pues, en este caso, la nada es esperanzadora y se asume como un mar que puede navegarse y la apuesta es siempre por encontrar la otra orilla.

Cofre cerrado

Todo menos aburrida

así es la estancia

en la que mis horas se dibujan y desdibujan

sin que yo pueda evitar

que el tiempo escurra

En cada una de estas cuatro paredes

hay mil ladrillos

adheridos con el sello del silencio

Cofre cerrado

en el que se guardan

testimonios de crímenes, duelos

e intentos de suicidios;

penas de amores

y desamores

y secretos

que atraviesan el alma

y tatúan

los rostros de dolor

en la mirada

Sé que alguna vez has visto

el rostro del sufrimiento

No finjas

que nada sabes

Todos llevamos

las llaves de ese cofre

muy adentro.

Toque de queda

Hay algo en el silencio de estos días

en los que un manto gris

cubre los cielos

Nadie sale de casa

las escuelas extrañan

las risas de los niños

y en el parque

nadie camina

Confinados todos

a la básica geometría

de sus moradas

Afuera

destellos de fuego atraviesan el aire

y truncan sueños

Todo se incendia

y con las cenizas

se hacen esculturas para adornar las calles

Adentro

la palabra contenida

es un sollozo que se ahoga

detrás de puertas con cerrojos.

Un nudo se anida y se anuda

en el estómago

Solo el sonar de las sirenas

irrumpe en el basto silencio:

desamparo es el atuendo

con que se viste el día

Esta ciudad que llora

y llantos arrastran

sus tres ríos que dolientes

humedecen el filo de las hojas

de los viejos olivos.

Luna de ceniza

El sol desfallece en el horizonte

se tiende como cualquier muerto.

Los árboles exponen sus raíces,

no encuentran de dónde asirse:

se desploman sin saber porqué.

En la caída se rompen el cuerpo

y ven caer las hojas que los visten

como ropajes viejos

que el viento esparce por doquier.

El universo se oscurece

arropado por una luna de ceniza.

Un canto gris anega los cielos

y el silencio reina

en los áridos campos.

Pueblos de mujeres enlutadas

fantasmas detrás de las paredes

que suponen las resguardan.

Amparadas por la noche

abandonan sus refugios

y herramientas en mano —palas, varillas—

desafían los caminos.

Buscan a los que un día

se fueron sin despedirse

sin dejar señales

que pudieran traerlos de regreso.

Hace frío

no existe un nuevo día

el que se fue no vuelve.

No hay nubes

ni amenaza de lluvia

que venga a lavarlo todo.

Me visto de rosa azul violeta

de nardos y claveles.

Sé que no escribo

para matar el tiempo.

Escribo para vivirlo

para que alguien me deletree

cuando ya no esté.

LOURDES ARENAS MAZO. Es poeta, traductora, académica y psicoterapeuta con estudios en psicología y doctorado en Educación Internacional. Ha tomado diferentes talleres de poesía, varias cátedras magistrales y tiene un diplomado en creación literaria. Es coautora de los libros Poemas como nubes y de la antología de relatos En el andén de los sueños. Sus poemas y traducciones han sido publicados en revista literarias impresas y digitales, tanto en español como en inglés. Es, además, coautora del libro de investigación educativa De viva voz, entre otras publicaciones.

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