Dos poemas de Pamela de la Rocha

 

Ningún atardecer

 

Seremos una foto antigua,

un recuerdo aterrizado

sobre el mundo

                                vacío

de las cosas.

En nuestras manos

solo otro ejemplo

de la materia

    su metamorfosis.

Ningún atardecer

sostendrá la memoria,

salvo este:

el día deshojándose

sobre la superficie del mar

      un abrazo de

                                 otro

                                           tiempo

alineándose a este trozo

de realidad.

Ser una foto antigua

es más que la petrificación del instante:

es rebelión

                      contra todas las formas

del tiempo

                       y, a la vez,

recordatorio

de mortalidad:

solo somos niños

intentando

no ser devorados

por Saturno.

 

 

Viajero 

 

A lo lejos 

                                  una tierra  

inhabitada por tu voz

espera tu regreso.

Ignora que tus ojos no obedecen

a las coordenadas celestes,

y aunque quisieras hacerte tangible

frente a los fantasmas que no te olvidan,

lo no visto ni pronunciado

se impone sobre tu mano vacía

como un agujero negro.

 

Más que perdido, has encontrado

todo, menos lo que buscas.

Eres otro niño arrojado al mundo

como una hoja que moverá el viento,

o el tiempo o las olas,

o las risas y el sonido

de todo lo que no importa,

pero que es fundamental

para alcanzar

lo que parece inalcanzable.

 

Y es allí donde sobrevives,

en la posibilidad de todo y nada:

la invención de cada mañana

y la resignación de la noche,

sin pronóstico de retorno,

en un vaivén

de reflejos y sombras.

Pamela de la Rocha
(Culiacán, 1994). Docente y escritora. Estudió la licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la FFyL de la Universidad Autónoma de Sinaloa.  Ha colaborado con la revista literaria Punto de Partida. 

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