Redacción Agora revista.
Los Mochis, Ahome, Sinaloa.
En el marco de la 24ª Feria del Libro de Los Mochis y la entrega del Premio Nacional Letras de Sinaloa 2025, uno de los reconocimientos más relevantes del estado a la trayectoria literaria, nos reunimos con una autora cuya obra ha trazado un camino luminoso en la literatura mexicana: Roxana Elvridge-Thomas, poeta, narradora, dramaturga, ensayista y formadora de generaciones. Este premio —otorgado desde 2001 a escritoras y escritores cuya trayectoria ha enriquecido de manera significativa las letras del país— ha distinguido a figuras fundamentales de la literatura contemporánea; este año, se suma a esa lista el nombre de una autora que ha hecho del lenguaje una forma de búsqueda, entendimiento mutuo y asombro.
Roxana Elvridge-Thomas cuenta con una sólida y diversa obra literaria que abarca poesía, narrativa, dramaturgia y ensayo. Profesora desde hace casi cuarenta años, ha formado a innumerables estudiantes en distintas universidades, y su influencia en la docencia, la escena teatral y la creación poética es ampliamente reconocida. Su escritura se caracteriza por la lucidez, la musicalidad y una profunda sensibilidad hacia los misterios humanos y el poder transformador del lenguaje.
En esta conversación, Roxana comparte no sólo el significado íntimo y profesional que este premio tiene para ella, sino también los pilares que han sostenido su vocación: el asombro, la historia personal con las letras, la necesidad humana de narrarnos y la convicción de que la literatura —pese al vértigo de lo inmediato— sigue siendo un territorio de refugio, revelación y encuentro. Su voz, luminosa y generosa, nos invita a recordar por qué seguimos leyendo, por qué seguimos escribiendo y por qué, como dice ella, “las letras salvan”.
Es un placer conocerte, estar aquí y hablar sobre el Premio Letras de Sinaloa. Hay muchas cosas que quisiéramos preguntarte, pero lo principal es el premio. ¿Qué simboliza para ti ya con una carrera larga, con ya una trayectoria en la escritura, en las letras? ¿Qué simboliza este premio para ti?
Ay, pues, simboliza muchísimas cosas, porque, bueno, por una parte, es una alegría enorme, por otra parte… te voy a hablar primero de lo emocional. Por otra parte, me ha permitido conocer este lugar que es extraordinariamente bello, lo que he conocido de Sinaloa, me ha parecido maravilloso conocer su gente, conocerles a ustedes que son extraordinarios, en ese sentido lo agradezco tanto. Fue muy lindo porque cuando se dio la noticia y estuvo en redes y todo esto; me di cuenta, y lo agradezco, lo agradezco, lo agradezco, de cuánta gente me quiere y quiero. Exalumnes de ahorita, pues es que tengo casi 40 años dando clases, exalumnes de aquí, de allá, de acullá, de distintas universidades, de hace muchos años o de ahorita, que les estoy dando clases, ahorita, amigas, amigos, amigues, colegas, mil personas que digo: “Ay, cómo la quiero, cómo lo quiero, cómo le quiero”, y que veo que es recíproco, eso también fue muy bonito. Y, por otra parte, ya en la cuestión más seria, literaria, pues es darme cuenta de las personalidades a las que se las han entregado, y me siento honradísima, honradísima de verdad, de estar en esta lista junto con estas personalidades a las que quiero y admiro mucho. Es un premio a trayectoria, y, entonces, eso te hace sentir, te hace voltear hacia atrás y decir: “Creo que no lo he hecho tan mal”. Muchas veces vas dando pasitos y no sabes hacia dónde vas, y cuando existen estos premios a trayectoria, dices: “Ay, qué bonito, que bonito que todo lo que he hecho en la vida, que me ha hecho inmensamente feliz, no sin obstáculos, no sin problemas, pero que me ha llevado a perseguir esta plenitud y esta felicidad que te dan las letras, que te da la docencia, que te da el teatro, pues no estaba errada”.

Claro, y ayer ya nos decías un poco en tu discurso, un poco de todo este tránsito, de toda esta trayectoria, de cómo las letras llegaron a ti, cómo desde muy pequeña ya había este acercamiento directo a las letras, pero, ¿en qué momento exacto fue en el que tú identificaste que eran las letras las que iban prácticamente a llevarte de la mano durante toda la vida, ya sea en el teatro, ya sea en la poesía, ya sea en la misma docencia?
Claro, fíjate que yo creo que fue en preparatoria, cuando ya lo hice consciente, cuando tuve que elegir qué iba a estudiar y dije: “No, es que yo lo que quiero —fue una cosa así muy visceral si quieres— yo lo que quiero es seguir leyendo, yo lo que quiero es dedicarme a esto, siempre, siempre, yo quiero leer, yo quiero escudriñar en los textos, esto quiero hacer siempre, toda la vida”. Y bueno, pues obviamente mi familia dijo: “No, estás loca”. Soy la única hasta este momento que se dedica a esto, es una familia de ingenieros, de médicos, de publicistas, y que dicen: “¿Qué anda haciendo esta loca ahí?” Y a pesar de todo, y a pesar de todos, pues seguí con esto que era una ilusión enorme, pero sí, yo creo que fue en la prepa, porque pues sí, de niña me asombré, me encandiló, yo decía, esto que leo es una maravilla, sobre todo la musicalidad, porque pues ni siquiera entendía muy bien qué estaba leyendo, pero decía, esto, esto, esto. Pero ya que lo hice consciente y que dije, esto es lo que quiero en mi vida, de aquí para siempre, sí fue en la preparatoria.
¿Por qué las letras? ¿Por qué seguir eligiendo las letras hoy, en un tiempo que sabemos que vivimos, que está dominado tal vez por lo inmediato, por los momentos esporádicos, por un ritmo al que tal vez, a veces, nos acostumbramos a llevar? ¿Por qué las letras? ¿Por qué detenernos a leer todavía, a escribir todavía?
Mira, yo creo, aunque digan que no, que las letras salvan, nos salvan de todo eso de lo que acabas de hablar. Fíjate que hace unos días estuve en el homenaje a Mónica Lavín, allá en Mazatlán, y una de las cosas que le decía a Mónica, y que le agradecía, es que ella es una contadora de historias, es una hacedora de historias, y le decía que nosotres, como seres humanos, somos seres de historias. Desde hace milenios, cuando nos reuníamos en torno a una fogata, nos reuníamos a contarnos historias. Y somos seres necesitados de eso, necesitados de historias, por eso la gente ve la televisión, va al cine, en mi caso, bueno, sí me gusta mucho el cine, pero yo voy mucho al teatro, mucho, mucho, mucho al teatro, y además hago teatro, y además escribo, y me gusta mucho leer, leo mucha, mucha poesía, pero también leo cuento, leo novela, leo dramaturgia, leo ensayos, soy fan de la historia, soy fan de la biología, finalmente nos están contando historias. Y, pues, buscamos un gran misterio, que yo digo, para mí, es el misterio de las pasiones humanas, del ser humano mismo, y ¿qué nos lo puede develar mejor? La literatura, las letras.

Contar, seguir contando, y a través de contar, pues contarnos a nosotros mismos. Contarnos, expandirnos de alguna manera también, que al final de cuentas eso es lo que se busca muchas veces, y yo creo también que hay como una idea en la literatura, en las letras en general, a veces particularmente en la poesía, pero en general, de que entre el lenguaje, inherentemente, porque es lo que utilizamos para comunicarnos, pues siempre va a haber una relación con el otro, y en las letras lo que podemos ver son esas ventanas, esas puertas, esas cosas, que desde uno mismo a lo mejor no vemos, pero que a través de esas letras nos ayudan a expandirnos.
Se nos abren, nos ayudan a expandirnos. Fíjate que Charles Baudelaire decía muchas cosas maravillosas, que traigo aquí en la cabeza siempre, él vivía en esa época de los paraísos artificiales y todo esto, que empezaban, pero él decía: “Yo para escribir no necesito embriagarme ni necesito ningún estupefaciente”, él decía, “mi estupefaciente es la poesía”. Por una parte, porque decía que las letras, y las letras combinadas con los objetos existentes y con los no existentes, con los imaginarios, eso le volaba la cabeza. Él era crítico de arte, de artes plásticas, y también decía que el poeta en particular y el artista en general, lo que hacía con lo que nosotres de manera general, cotidiana, vemos en las cosas, el artista nos mostraba el en vez de las cosas, o sea, nos mostraba más allá, más allá de lo cotidiano, más allá de lo que aparentemente vemos, nos abre esas ventanas, nos abre los ojos, nos descubre los velos, para ver más allá. Se podría decir que la verdadera cara de las cosas, y eso es bien bonito.

Qué le dices a los jóvenes y no tan jóvenes también, porque es importante siempre que el mensaje sea universal, sobre este hábito de mantener, de escribir, de leer, de seguir apegándose a las letras, a la literatura, al lenguaje, al lenguaje mismo, ¿qué les dices a quienes quieren escribir, a quienes quieren dedicarse a la vocación de la docencia, también a la literatura, a todas las personas que tienen una inquietud o un interés por el lenguaje en general?
Fíjate que una de las cosas más maravillosas que tiene el ser humano, y que lo tienen las infancias, es el asombro, asombrarte ante las cosas, que es una sensación y un sentimiento maravilloso, y nosotres como personas mayores, como personas ya adultas, jóvenes o más adultas, así como yo, o como cualquier otra persona, podemos conservar ese asombro gracias a la lectura, gracias a la escritura, porque nos ayudan a asombrarnos del mundo, de nosotres mismes, de las mismas palabras, eso es extraordinario, y continuar con este asombro es una cosa maravillosa.
Yo creo que muy catastrófico sería el escenario en el que perdamos el asombro, ¿no? En el que perdamos el interés por la conexión también con el otro a través de las palabras, en el que perdamos, pues, esta necesidad incluso de entendernos.
Eso, sí, esa necesidad de entablar algo con la otra persona, ese algo que es un entendimiento, y de entablar ese mismo entendimiento con el mundo, con la naturaleza, con todo lo que nos rodea. Entonces ese entendimiento, ese intercambio, pues se da mediante el asombro, y qué cosa más bella puede ser, ser el vehículo del asombro de otras personas. Esto que te digo que traigo aquí [señala su tatuaje en el antebrazo], y lo traigo aquí para estarlo viendo constantemente, y para que no se me olvide nunca, y para que sea algo que me guíe siempre en el camino de las letras, que es: “Para un poeta no se trata nunca de decir llueve, sino de crear la lluvia”. Se los digo siempre a mis alumnes, tanto de escritura creativa como a les de teatro, y les digo: “No escuchen poeta, escuchen actriz, actor, actuante. No escuchen poeta, escuchen pintora, pintor. No escuchen poeta, escuchen bailarina, bailarín”. O sea, es esto, para un artista no se trata de decir llueve, se trata de crear la lluvia, de que quien se adentra en lo que está construyendo con su lenguaje poético… decía Octavio Paz, que: “el poeta es aquel que hace trascender su lenguaje, sea el lenguaje que sea”. Entonces, aquel que está haciendo trascender con su lenguaje cree lluvia, nos sorprenda, nos asombre, eso lo tenemos como una cosa maravillosa, y si lo logramos hacer, aunque sea una vez en la vida, ya, ya, ya cumplimos nuestra función en el mundo.
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