Rodeo Sun, un poema de Aldo Vicencio

se esculpirá el Sol

se esculpirá el cielo

a cada paso, llega la fatiga no de las piernas,

                                    sino de los ojos

la madrugada en los talones

la alfombra interminable de sombra,

                   angustia serena, el eje alienado de la verticalidad homínida

diestra, siniestra: un tabique roto

sin brida su lengua

           ¡Oh mi Dios, su aurora!

los dedos torceré, y allí nacerá una caverna:

el mudra del celo

la seña de las cicatrices deseantes,

un instinto calcificado en el solar asiento de lo humano

la gente del centro no cantamos,

aullamos gélidamente, arrullamos a los árboles

la gente del centro no canta: obsequia sangre

vidrio yugular | estoy de pie,

                              terso en todo mi orgullo

                              como la yesca bordada en las llamas

el silencio es la ausencia de tropiezos

y es predeciblemente fértil

en los pies que suben escaleras

hay dos serpientes enroscándose:

sonajean al árbol que nadie escuchó caer en el bosque

i n v a d i r

los horarios,

p  u r g a r

los itinerarios

                        //en la grupa punzada, el desayuno marino

sábanas, mártires de toda esa sal en los labios//

mi rostro desacomodado

observa aprensivo la flama de un corazón

[la nada que llamará a la nada,

como chacales blancos probando los músculos tendidos]

Macbeth dice: ya apágate luz breve

porque la tragedia puede ser neutra e indolora

y el mundo se fuga en la amnesia del sonido

tiempo en el tiempo,

el presente que se satura conjuga la clave de un paraíso mítico;

entonces…

los vicios cambiarán,

los ríos lloverán

mientras todo tu nombre ya es mío

con que diligencia

la cotidianidad nos duplica llorosos en cada baño

veredas en las arterias congestionadas de náusea

                  geometría fluida:

el hombre ya se parece a las flores;

sin la violencia de las preguntas

un jardín entero invoca abismos

[nada-todo, todo-nada]

apenas ahogo, la Luna es una viga de mi habitación

¡llámame! ¡veme! ¡nómbrame!

he fingido enfermedad cuando mi espíritu

                dice hambre, dice euforia, dice mañana

toda erudición dispersa el instinto

no queremos dormir, sórdido día:

aún en la Tierra, hay enemigos de las leyes

sin trabajo, sin sustento, Job venció al ángel….

Aldo Vicencio (Ciudad de México, 1991). Poeta y ensayista, estudió la Licenciatura en
Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM). Es autor de Piel Quemada: Vicisitudes de lo Sensible (Casa Editorial
Abismos, 2017), Anatolle. Danza fractal (El Ojo Ediciones, 2018), Púlsar (Ediciones
Camelot América, 2019), Tangram (Vitrali Ediciones, 2023) y recientemente de la
plaquette Un tallo, tres pétalos (Mamba Negra Ediciones, 2025), en colaboración con los
artistas David Daza y Tania Cruz.
Su obra ha sido publicada en diversas revistas literarias como Periódico de Poesía, Punto
en Línea de la UNAM y Tierra Adentro (México); Literal, Latin American Voices (Estados
Unidos);  Digo.Palabra.txt (Venezuela), Agradecidas Señas (Estados Unidos, México,
Europa), La Ubre Amarga (Bolivia); Buenos Aires Poetry (Argentina), Santa Rabia Poetry
y Kametsa (Perú); Una verdad sin alfabeto (El Salvador); Cinosargo, Vórtice y Carcaj
(Chile), Low-Fi Ardentía (Puerto Rico), El pez soluble (El Salvador, Guatemala, Panamá y
Costa Rica); Oculta Lit, penúltima, Zenda y Aullido (España), entre otras. Ha sido incluido
en varias antologías  y ha participado en diferentes coloquios sobre poesía, literatura y
mística.

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