Poemas de Nada hay que cante bajo el agua

Domingo

Bajo nuestros pies

un mundo lleno 

de formas microscópicas de selva

nos hablan de enfermedad 

y último paradero 

alcantarilla

mueca 

de nuestros presentes

Pero esto es un error

Ningún frío en el mundo nace 

sin su contraparte de fuego

En domingos familiares 

de asador y lentes oscuros

siempre hay un Sol 

más hondo y luminoso 

que este río

Resurrección

Les han devuelto el nombre

el que siempre fue suyo

y forró los huesos bajo la piel

y les amarró a la tierra

y se acostó 

mirada hacia arriba

a ver cómo el mundo oscuro de la noche

guiñaba sus ojos de luz

Ese nombre que también 

se llamó casa

comedor y estufa

el que se congeló junto a las fotos

y se convirtió en recuerdo

arrastrado por el agua

hasta ser cauce

interminable

y profundo

que no se detiene

y ahora es piedra

lodo

sonido incompleto

Suspiro

Nadie puede cruzar dos veces 

el mismo río

ninguno será el mismo

ninguno conservará 

los mismos ahogos

ni el mismo nombre

Pero esto no importa

les han devuelto 

el nombre

ese que antes 

se ahogaba

hoy respira

Afonía 

Se respiran fotografías perdidas

habitaciones estranguladas 

por las manos del cauce

apretando en todas las direcciones

y muebles con edemas

surgidos de la fiebre

transformada en viento

del agua

Un miedo negro y afónico

de carnes residuales 

del río que no se mueve

y crece 

y rompe

y nos tiñe 

hasta las pieles de la tráquea

dejando negro lo antes rojo

lo antes blanco

lo antes después

Un silencio ahogado 

en su grito

en sus recuerdos

Después del diluvio

la quietud pesa

porque nada hay que cante bajo el agua

ni aroma que distinga 

a los muertos

Apunte previo a la inundación

I

Escribo esto con las manos 

cansadas de lavar lodo

de arrancarlo día a día 

hasta que su sangre

revele de nuevo 

que me queda otro poco

otro montoncito 

apretujado en una esquina 

otra mano ajena

con sus propios montoncitos

otra pala y otra carretilla

otra casa

cubierta hasta la garganta por el frío 

otro cuerpo que desenterrar

otro llanto

y otro abrazo de rutina que se vuelve más rutinario

más seco   

menos inundado

Porque hay abrazos que secan el otoño del pecho

sembrando una hojarasca 

de corazones mordidos por la tempestad

y tempestades    

tan profundas 

que hunden pueblos 

II

Tengo miedo

miedo de volver algún día

y darme cuenta que todo sigue igual

que necesitamos palas y carretillas 

que las mareas golpean de nuevo las casas

porque el agua nunca regresó al río

miedo de que ninguna persona haya vuelto

y los límites geopolíticos de sus tumbas

hayan logrado la expansión

que esa mano y ese llanto 

sigan sepultados bajo el agua

que todos los años se les embarquen flores

que tornen a la corriente

hasta su inevitable ahogo 

Temo regresar y descubrir 

que el que estuvo enterrado siempre

fui yo

Sergio H. García (Nayarit, 1995). Editor, poeta, ensayista. Dirige Ediciones del Olvido desde 2021 y dirigió Revista Poetómanos desde 2015 hasta 2023. Becario del programa Los Signos en rotación, Festival Interfaz ISSSTE-Cultura Guanajuato 2018, beneficiario del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico Nayarit 2023. Ganador del XLVII Premio Anual de Poesía Trapichillo 2024.  Autor de Que Ninguna tormenta se acerque (Crisálida Ediciones, 2021), Tengo la boca llena de tierra (Buenos Aires Poetry, 2023) y Nada hay que cante bajo el agua (Universidad Autónoma de Nayarit, 2025).

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