Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2022: Jorge Ortega

Credo

El camino es tu ley.

            Bajo los pasos resuena el tambor de un futuro, el vientre de la tierra madre que se abre al infinito lo mismo que una habitación al estallido de la aurora.

            Qué desnudez tan pura. Qué espejo deslumbrante y gigantesco sobre el que el sol se postra a recobrar su luz.

            Metes la jeta en el viento, tratando de olisquear en lo que viene: la contigüidad de un oasis, los cultivos de café, las cabañas humeantes, un hato de cabras montadas en las ramas de un argán, palmeras de un probable paraíso.

            Permites que el salitre del desfallecimiento trace en tu frente la rúbrica de los iniciados, o bien, que la resequedad imprima en tu lengua el tatuaje de la deshidratación.

            El rizoma de los bronquios se distiende y contrae, arde con el trasiego de flema tórrida que suscita el áspero tablero de la llanura igual que un corrosivo trago de ajenjo.

            Y todo esto, mientras velas de reojo el regate de una parvada de gansos que incrusta su embalaje en la distancia.

Punto de fuga

Surgido de todo atajo, te desperdigarás por el sendero de nunca. Sólo habrán de cruzarse contigo los que rompan contrato con un empleo seguro y quiebren lanzas con el yugo parental, los que acometan sin equipaje un prolongado itinerario y estén prestos a largarse por carreteras secundarias donde instauran su heredad los comandos del crimen, los que abjuren de su nombre de pila y tarde o temprano pasen a cuchillo los lazos de amistad y pertenencia, los que subasten las posesiones antes de esfumarse para saldar con la justa regalía la deuda de hospital de la progenitora, los que se desentiendan de su hacienda y allende el océano conmuten las letras por las armas, los que se desvanezcan sin despedirse y al retornar después de cuatro lustros sean asociados con el forastero o el menesteroso, los que malgasten lo poco que reunieron y sometan el resentimiento a los edictos de la insidia, los que desoigan el credo de los abuelos y acojan la plegaria de la deportación, los que arrinconen en su mente el idiolecto de la infancia y adopten la jerigonza de los arrieros, los que inviertan los ahorros en un disparatado acuerdo y tras dilapidar su fortuna empiecen desde la ignominia, mudando de continente, los que no salgan en la foto y sin embargo hayan estado, los que partan sin titubeos y aguanten cabalgar hacia el alba mientras los demás pernoctan o celebran con munificencia, los que se decidan por desdibujarse y expongan la carne al pillaje de las fieras, los que, en suma, releguen el silabario de los pordioseros y se adentren en los barbechos del silencio para rendirse ahí, hallando el alivio en el apocamiento, el descanso en el repliegue, haciendo del anonimato la medida del cosmos.

Destino es laberinto

Alguna vez, en la primitiva adolescencia en flor, dijiste ser otro. Flameaban los camuesos de Francia bajo la pólvora prusiana, rugían los cañones zarandeando la raíz de las montañas, sobrecogiendo los alerces, resquebrajando témpanos, mientras en las rotondas de la capital, las plazas y los puentes concurridos, verdeaba el clamor de un orden nuevo, la sal de la utopía.

Ahora vas en pos de un otro yo, no aquel polichinela que deambulaba por las barricadas embotado de una lúcida embriaguez, sino el que se te iba de las manos, tránsfuga de ti, escorado a los límites del aro, proclive a los bordes. Avistas un espectro, una impureza que brinca en el paisaje y después se licúa, un asterisco que se agranda y al cabo de una legua se transforma en una nuca o un turbante que en un descuido eclipsa la deflagración del mediodía.

Conforme te le acercas se volatiliza; reaparece conforme te rezagas. En esta paradoja ⸺Aquiles columbrando la tortuga⸺ anida el caudal de tu premisa, su renta anticipada. Y así, presa de una presura que no cesa, migras hacia el voladero de ninguna parte en que se imbuye el beduino que escudriñas, zambulles más y más la nariz en la intemperie.

Jorge Ortega (Mexicali, Baja California, 1972). Poeta y ensayista. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado una docena de libros de poesía en México, Argentina, España, Estados Unidos, Canadá e Italia, entre los que destacan Ajedrez de polvo (2003), Estado del tiempo (2005), Devoción por la piedra (2011 y 2016) y Guía de forasteros (2014). Su trabajo poético ha sido traducido al inglés, chino, alemán, portugués, francés e italiano, y forma parte de múltiples compilaciones de poesía mexicana contemporánea. Igualmente, ha colaborado con poemas, reseñas y textos de crítica sobre poesía en diversos medios literarios de Hispanoamérica, tales como Buenos Aires Poetry, Letras Libres, Periódico de Poesía, Quimera y Revista de Occidente. Asimismo, ha participado en festivales de poesía y congresos de literatura en variadas ciudades de América, Europa y Asia, y se ha desempeñado como Profesor Visitante o Scholar Artist en universidades de California. En 2018 y 2019 fue tutor de poesía del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA. Entre otros reconocimientos, ha obtenido el Premio Estatal de Literatura de Baja California en 2000 y 2004 en los géneros de poesía y ensayo, respectivamente; el Premio Nacional de Poesía Tijuana en 2001; el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines en 2010; y, recientemente, mereció el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2022 en la categoría de poesía con la obra aún inédita Hotel del Universo, a la cual pertenecen los tres poemas reproducidos ahora en Timonel. Ingresó en 2007 al Sistema Nacional de Creadores de Arte de México. Su más reciente publicación es la antología poética bilingüe español-italiano Luce sotto le pietre / Luz bajo las piedras, aparecida el verano de 2020 en Roma, Italia.

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